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lunes, 18 de agosto de 2014

Galán, 25 años después

ANIVERSARIO Luis Carlos Galán dijo alguna vez que quería vivir hasta los 90 años. Hoy tendría 70. Pero cuando lo dijo sabía que nunca llegaría. 

Luis Carlos Galán dijo alguna vez que quería vivir hasta los 90 años. Hoy tendría 70. Pero cuando lo dijo sabía que nunca llegaría. No siendo quien era. Y no me refiero a las virtudes del hombre, que quizás estaría acompañándonos hoy, sino al símbolo que había logrado inspirar a un país con la ilusión de un cambio.

Porque Galán ya no era Galán. Era el impulso vital de una generación, la voz de la provincia, la conquista de millones de mujeres, el ímpetu de los jóvenes, la esperanza de la clase media y la reivindicación de muchos campesinos. Cuando Galán subía a la tarima y empuñaba el micrófono ya no era solo su vibrado, su fuerza interior o la convicción de sus ideas que lo hacían un líder, era el torrente de todo un país que cogía cuerpo en su humanidad y que tenía el indeclinable propósito de hacer un cambio después de décadas de frustraciones.

Pero la Colombia de finales de los ochenta no estaba preparada para un liderazgo tan transformador y simbólico. En unos años de miedo y de plomo, del terror narcoterrorista que desafió al Estado, de la cultura traqueta del dinero fácil, de la permisividad de la sociedad, y de una institucionalidad muy frágil, Galán también generaba miedo. Miedo en la mafia, miedo en la política, miedo en sectores del establecimiento y miedo en que se sacudiera el statu quo. Por eso, aunque era su sueño, él siempre supo que no llegaría a los 90. Ni siquiera a los 50.

Por Alejandro Santos Rubino 

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