LA PUNTUACIÓN.- Lo malo del average es que a mayor cantidad de turnos al bate, si no se mantiene determinado ritmo de ‘hits’, se reduce la puntuación. El presidente Danilo Medina fue El Pelotero del Mes de Julio, pues casi alcanzó 90%. Cifra record para cualquiera de sus pares anteriores, y si fuera en el béisbol de Las Grandes Ligas, ni siquiera Miguel Cabrera y su potencial segunda triple corona podría comparársele al lado. Sin embargo, no puede decirse que sea igual en agosto, que es un mes que todavía no termina.
No es que dejara de hacer cosas, hizo las mismas, pero no satisfizo la principal expectativa: los cambios. La política tiene recodos de misterio, zonas inexplicables, y que no solo conviene conocer, sino transitar. El horizonte del éxito es amplio, demasiado grande, y cuando sobra mar, falta cielo. Se hace difícil entender que una administración con tan altas cotas de aceptación pueda contener elementos dañinos, y que se le apremie para que salga de ellos. Esa demanda por lo menos ocasionó el ruido de los parques…
No es que dejara de hacer cosas, hizo las mismas, pero no satisfizo la principal expectativa: los cambios. La política tiene recodos de misterio, zonas inexplicables, y que no solo conviene conocer, sino transitar. El horizonte del éxito es amplio, demasiado grande, y cuando sobra mar, falta cielo. Se hace difícil entender que una administración con tan altas cotas de aceptación pueda contener elementos dañinos, y que se le apremie para que salga de ellos. Esa demanda por lo menos ocasionó el ruido de los parques…
LOS RASTROS.- Ese hecho lleva a pensar que si el presidente Medina hubiera complacido a las minorías ruidosas de las calles, parques y medios alternativos, la aceptación de su gobierno fuera de cien por ciento. Algo increíble, pero igualmente innecesario. ¿Por qué tanta gente y sectores coinciden ahora en lo mismo, en un país con tradición de manigua y que la consigna de siempre fue “abajo el que esté arriba”? La tarea no puede ser de periodista, ni de observador. Tampoco de analista político. Otras deben ser las disciplinas que develen el misterio o expliquen el fenómeno. Aunque hay rastros que pueden seguirse. La desafección entre peledeístas no llega a la mezquindad. Se espera mejor correspondencia en el nuevo mandato, pero se reconoce por lo pronto que “el compañero Danilo ”está haciendo un buen gobierno. Si lo dicen los de fuera ¿por qué negarlo adentro? Ya llegará el momento de un reparto más equitativo y que sea más efectivo el clientelismo de “quítate tú para ponerme yo”. No es bueno estar en el banco, pero el adormecimiento de las nalgas se alivia con saberse -- por lo menos -- en el dogout…
NO LO ES.- El disgusto de los aliados que a veces recoge la prensa con más generosidad que realidad, no se expresa en números, pues el presidente Medina aumenta sus porcentajes y lo hace de mes en mes. Ese escarceo es una forma de presión, ya no tan sutil, de asociados que desde hace mucho esperan más de lo conseguido, convenido o prometido. Lo de Andrés Vanderhorst, el padre, el político, el jefe de la Estructura, por ejemplo. Su exclusión no puede verse como un castigo, sino como ingratitud. Si están los otros ¿por qué no él también? Lo demás siempre será “lo demás”. Lo de José Francisco Peña Guaba no vale pensarlo. Su experiencia como administrador no es buena, y su hijo por lo menos no hace ruido. El hijo mayor de José Francisco Peña Gómez es bueno como armador político, y vale su peso en oro en tiempo de elecciones. Ahora no. El momento es de gobernar, y lo que se necesita son capacidades.
DE LOS CONTRARIOS.- ¿De dónde podía crecer Danilo como presidente que no fuera del universo de sus oponentes, pues peledeístas y aliados les hicieron ganar como candidato? Esta apreciación explica el misterio, permite entender el fenómeno. Los perredeístas, que son mayoría en la oposición, no encuentran hachas que afilar contra el gobierno. Y no porque -- como se dice -- se entretienen con sus conflictos. En parte, claro que sí, pero no todo. No hacen oposición, primero, por incapacidad política, la misma que impide vencerse unos a otros, pero también porque – los que se suponen – deben dirigir la lucha, o por lo menos darle profundidad, lo tienen comiendo en las manos. Como esas palomas que se alborotan en los parques. La expresión “ Dime de que presumes y te diré de que adoleces ” nunca fue tan válida.
Por Orlando Gil

